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OK GLASS. SHARE TO ALL.

Hace unos días tuve la oportunidad de probar unas Google Glass. Intelygenz, que son desarrolladores autorizados de Google, nos las trajeron a la agencia y nos las dejaron por unos minutos. ¡Gracias! Ya las había visto muy de cerca en mi estancia en el SXSW de Austin. Evidentemente, verlas no es lo mismo que probarlas. Me encantaron y, a la vez, me despertaron un sentimiento contradictorio.

Vayamos a los orígenes.

Hace más de un año que Google presentó las Google Glass en el congreso para desarrolladores en San Francisco. Desde entonces, muy pocos han tenido acceso a ellas y se han distribuido con cuentagotas (a un precio que ronda los 1.200 euros), sobre todo, entre empresas de confianza de Google para que empiecen a crear aplicaciones para el dispositivo. Se estima que el dispositivo llegará al mercado la primavera de 2014 a un precio parecido al de un smartphone. ¡Ya queda poco!

¿Qué son?

Son un dispositivo formado por una cámara, bluetooth, micrófono y un pequeño visor llamado Eye Tap que permite al usuario interactuar con el entorno, con las mismas funcionalidades de un smartphone pero sin necesidad de usar sus manos. Es decir, llamadas, hangouts, fotografías, SMS, emails, búsquedas en Google, acceso a Google Maps e interacción con redes sociales, además de acceder a funcionalidades de Google Now. La revolución no está en lo que puedo hacer, sino en cómo lo puedo hacer. Que básicamente, es a través de voz y sin manos.

Mis primeras impresiones.

Al cogerlas las sientes ligeras y te da la sensación que son muy frágiles y cuando te las pones son muy cómodas, no te das cuenta de que las llevas. En mi caso llevo gafas habitualmente, así que eché de menos mis lentes graduadas. Dicen que ya hay versiones con cristales. La montura de titanio une las tres partes que forman las gafas: batería y sonido, zona táctil y un prisma (pequeño cristal) para la pantalla.

Para interactuar con las gafas sólo hace falta decir “Ok Glass” y en la pantalla que se despliegan todas las opciones. Luego le dices lo que quieres hacer, por ejemplo “Take a picture”. Es muy sorprendente cómo reconoce la voz, eso sí, en perfecto inglés y pronunciación americana. Si quieres llamar a Juan Pérez es más complicado que llamar a John Smith. Pero dicen que ya están trabajando en la versión española de las gafas.

Lo que me llamó más la atención fue la precisión a la hora de reconocer la voz y las palabras. Es posible porque en la patilla donde está la batería y que se apoya en la cabeza detrás de la oreja, hay un sistema de captación de vibraciones de la voz a través de la cabeza y de los huesos.

El prisma te proyecta una pequeña pantalla donde te ofrece la información. Tienes que mirar un poco hacia arriba y, claro, pierdes el foco de la visión de la realidad. Según nos explicaron, necesitas unos 20-30 minutos para que tu ojo se adapte a las Glass y, en mi caso, si sumamos mi combinación de estigmatismo y miopía, pues la adaptación fue más lenta y un poco borrosa. Pero en general la visión es muy buena.

Si no quieres utilizar el control por voz, también puedes utilizar la patilla como comando táctil o tap. Deslizando el dedo por la patilla simula el movimiento de desplazado y pegando toquecitos simula el click del ratón o táctil.

Incluso en un lugar con ruido de fondo, no tiene problemas en reconocer cada palabra a la perfección. Su secreto, la parte de las Glass donde se almacena la batería y que se apoya en la cabeza, también tienen un sistema que capta las vibraciones de nuestra voz a través de la cabeza, y hace que el reconocimiento de voz sea casi perfecto. Lo mismo ocurre con el sonido, que se produce por inducción, es decir, mediante vibración de los huesos de la cabeza.

Lo que no me gustó fue que dependes de internet y de un dispositivo móvil. Que los vídeos que grava tienen una duración predeterminada de 10 segundos y tienes que dar la orden para que sea más larga. Tampoco me gustó que la batería durase 5 horas. Al final si son unas gafas las necesitas todo el día, ¿no?

Sobre todo, en mi despertaron un sentimiento contradictorio. Por un lado me encantó la tecnología, es una revolución y es algo diferente. Vivimos en un momento en que nos gusta gravar y sacar fotos de todo gracias a los móviles, monitorizar todo lo que hacemos (gracias a las apps) y cada vez que tenemos una duda preguntárselo a Google. Y estas gafas, lo pueden hacer al momento. Además, las posibilidades de futuro, la capacidad de poder conectarte a internet sin manos e incorporar la realidad aumentada a nuestros días, me parece interesante.

Pero… ¿y nuestra privacidad? Es evidente que se tendrá que desarrollar un nuevo tipo de etiqueta. Delimitar dónde es apropiado usar las Google Glass. ¿No se podrá grabar en interiores? ¿Cómo sabré si alguien está consultando información o gravándome? ¿Qué pasa en un concierto? ¿Y en un museo donde no se pueden tomar fotos? ¿Qué pasa con el reconocimiento facial? Hoy por hoy esta posibilidad está desactivada. ¿Debería será legal?

Otra gran reflexión es ¿cómo pueden cambiar las relaciones entre personas? ¿Cómo reaccionaremos en una situación que de repente no sabes si la persona que tienes delante te está escuchando o, simplemente, está consultando su email o cotilleando tu Facebook? Y, ¿os imagináis tener sexo con las Google Glass puestas? Algunos ya lo han hecho:

http://www.youtube.com/watch?v=Xxt24JoLlPE

En fin, lo que no hay duda es que tenemos algo muy nuevo y que puede cambiar nuestra manera de vivir. Ya lo hizo el móvil, el email, el ordenador, el Smartphone… y, ¿por qué no? Las Google Glass también pueden tener este privilegio.

El tiempo dirá.
(Y, yo, ya las he probado. ¡Yeahh!)

Anna Roca
Head of Digital Planning
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@annarocatarrago

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