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Un selfie en el SXSW 2014

Un selfie en el SXSW 2014

Tengo que confesar que cuando el año pasado nuestros compañeros de BBDO&Proximity nos hablaron de su experiencia en el SXSW, me quedé un poco a medias. No por la excelente presentación, que aunque “solo” duró dos horas, fue inspiradora, entretenida y brillante, sino porque mientras hablaban se notaba en sus caras y expresiones que sin duda había mucho más. También se hacía evidente su esfuerzo por condensar y ordenar la información, cuando en realidad hubieran deseado poder contarlo todo a la vez. Porque eso es lo que pasa en el SXSW. Todo a la vez. Así que, mientras pienso en como plasmar esta sensación en unas cuantas líneas, me doy cuenta de que probablemente quien lo lea sufrirá también su pequeño coitus interruptus particular. Asi pues, tengan a mano Internet.

Llegamos a Austin después de 18 horas de viaje, pero nunca sentimos cansancio. Porque Austin no es como te la imaginas, Austin es diferente. No es una obviedad, es la realidad. Es sin duda un lugar que simboliza la diferencia, porque es parte de su esencia. Desde los impresionantes rascacielos hasta los no menos impresionantes solares en medio del downtown. Desde la música más indie hasta el más puro rock sureño. Desde las barbas hasta las barbies. Está claro que Austin y el SXSW siempre fueron y serán el uno para el otro, porque este festival es también una experiencia muy diferente o, como mínimo, diferente de todo lo que hemos conocido en la industria publicitaria. Un lugar donde nunca te aburres.

El primer día en el Austin Convention Center tienes la sensación de estar en un sitio donde van a pasar cosas. Y como andas un poco perdido y abrumado por la cantidad, empiezas a marcarlo todo en tu app. Que si a las 10 están Eric Schmidt y Jared Cohen de Google con su nuevo libro, que si ahora en el Hilton ponen el caso de QuickBooks, que si a las 12 hay que estar de vuelta en el ACC para ver lo de Julian Assange. Luego hay quien quiere ir al taller de weareables, quien se va a pasar por lo de Internet of the Cars o quien necesita con urgencia comerse uno de estos maravillosos tacos.

Vuelta al ACC y aledaños. Y a seguir con las keynotes, charlas, exposiciones, conversaciones. Que si lo de Assange regular porque se le cortaba el sonido al Skype, que si lo de Internet of the Cars lo mejor, que si un rollazo lo de “los mejores banners que nunca viste”. Y a comentarlo, compartirlo, discutirlo. Diversidad de opiniones. Pero si había una cosa en la que todos coincidíamos era la falta de demostraciones prácticas, pocos workshops o presentaciones que hicieran el contenido más llevadero y, por qué no decirlo, más aprovechable. Algún título demasiado rimbombante. Alguna visión parcial. Alguna celebridad respetable, pero con poco nuevo que enseñar. Muchos que venían a vender su libro, en ocasiones literalmente. Ningún problema con eso, pero cuando estás allí lo último que quieres es aburrirte o perder el tiempo. Aunque como decíamos al principio, en Austin eso es imposible.

Del segundo al cuarto día alternamos las actividades del ACC, como la conversación del cofundador de Twitter Biz Stone con Steve Johnson, o una interesante charla sobre la viralidad a través del branded content (donde por fin encontramos ejemplos reales), con algunas incursiones en terrenos menos sesudos y más lúdicos, como la carpa SXSW Create, una expo de tecnología openSource-DIY cerca del Palm Events Center, que nos pareció de lo más divertido, donde vimos cosas como este dron financiado a través de crowdfounding y que se controla con tu smartphone, o estas otras frikadas. Al lado de la carpa se extendía la expo de gaming -del histórico y del actual-, y un panel de la gente de Marvel. Y gadgets. Muchos gadgets. Qué más se puede pedir. Pues mira, ya puestos, comentarlo al final del día con los demás delante de una buena cerveza local.

Alrededor del ACC y de los otros centros hay corners y activaciones de marcas, como esta de Oreo que consistía en una máquina de vending que imprimía tus galletas con colores personalizados y te mostraba las tendencias de Twitter. O esta otra de Pennzoil, que recreaba un Mario Kart en el mundo real. Y todo esto permanentemente aderezado con mucha música en directo (y de la buena), comida y bebida take away en los food trucks, algo de sol, un poco de lluvia, muchas risas, un poco de Game of Thrones, un producto que Neil Young ha financiado en kickstarter, gente increíble, tanto conocida como desconocida. Y fiestas. Y movimiento por todas partes.

Asi llegamos, sin darnos cuenta, al último día. Y por fin comprendimos lo que de verdad nos íbamos a llevar de allí. Lo que ya teníamos dentro. No era algo concreto; no era esto, ni eso, ni aquello, ni lo otro, sino la suma y la mezcla de todo; un chute de presente y futuro, la agitación del espíritu, la estimulante sensación de creer de nuevo que, al fin y al cabo, querer es poder. Lo que se venía llamando inspiración. Y en los tiempos que corren no es poca cosa.

Podría haber sido más explícito, más teórico, incluso más didáctico, haber escrito que las weareables son el nuevo social, o que las startups, aunque presentes, han perdido peso en el festival, pero no soy un veterano sino un principiante en el SXSW, y he preferido intentar transmitir esta sensación que nos traemos puesta. Una sensación que es un mensaje: “Sí. Se puede.” Sin duda lo más valioso de la experiencia.

Aunque la verdad es que en el fondo, esto no es más que otro maldito selfie.

 

Iván Domingo

Director Creativo. Contrapunto Barcelona.

 

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